El año se acaba y, en el periodismo, el balance no es solo de cifras, sino de decisiones. 2025 cierra con redacciones más pequeñas, audiencias fragmentadas y una inteligencia artificial que dejó de ser novedad para convertirse en parte del día a día. Con este cierre de ciclo, este boletín reúne algunas predicciones que ayudan a pensar el periodismo que dejamos atrás y el que empezará a tomar forma en 2026.
De 2011 a 2024 colaboré con el Centro de Formación en Periodismo Digitalde la Universidad de Guadalajara. Durante esos años hice un poco de todo: fui webmaster, gestioné redes sociales, produje contenidos multimedia, diseñé plataformas para el aprendizaje y escribí notas, entrevistas y artículos de opinión. Ese cruce constante entre tecnología, formación y periodismo marcó la forma en la que hoy leo la industria.
Fue también en ese periodo cuando conocí NiemanLab, un proyecto de la Fundación Nieman para el Periodismo en la Universidad de Harvard que se dedica a observar, con lupa y sin nostalgia, cómo cambia el oficio en Internet. Desde entonces sigo de cerca sus predicciones anuales, más como una brújula que como una bola de cristal.

Este año, con la inteligencia artificial acelerando todo, esas predicciones merecen una lectura especialmente atenta. No porque la IA vaya a “salvar” o “matar” al periodismo, sino porque obliga a replantear casi todas las decisiones que damos por sentadas.
Universidades, censura y entornos hostiles
Una de las predicciones que más me inquietó fue la de Nushin Rashidian, quien advierte que informar desde dentro de las universidades en Estados Unidos será cada vez más difícil. No habla solo de recortes presupuestales, sino de censura activa y miedo institucional. Su apuesta, más que tecnológica, es por la resiliencia de los estudiantes.
Leyéndola desde México, el contraste es brutal. Aquí, estudiar periodismo ya implica asumir un riesgo real. Este año, Reporteros Sin Fronteras documentó el asesinato de 67 profesionales de los medios, muchos de ellos víctimas del crimen organizado.
Por eso creo que nuestras universidades ya no pueden seguir formando periodistas como si el contexto fuera neutro. Enseñar a escribir bien o a editar video ya no alcanza. La seguridad física, digital, legal y emocional tiene que dejar de ser un taller opcional y convertirse en parte central de la formación periodística, especialmente en el ámbito regional.
El fin del contenido libre (y por qué los boletines importan)
Otra predicción que me parece difícil de ignorar es la de Ernie Smith, editor del boletín Tedium. Para él, la era del “contenido libre” en la web está llegando a su fin para los editores independientes. Si no protegemos nuestro trabajo, la IA lo absorberá, competirá contra nosotros y terminará por vaciar cualquier posibilidad de ingreso.
Aquí es donde los boletines dejan de ser una moda y se convierten en estrategia. Plataformas como Substack, Beehiiv o ConvertKit no solo facilitan publicar, también permiten construir audiencias directas, poner límites claros al acceso y experimentar con modelos de pago.
Mi impresión es que, de aquí a 2026, veremos cada vez más periodistas apostando por este camino: menos dependencia de plataformas ajenas y más control sobre el contenido y la relación con la audiencia.
Sostenibilidad: dejar de perseguir páginas vistas
En este punto conecté mucho con lo que plantea Ebony Reed, de The Marshall Project: el periodismo no es viable si sigue midiéndose solo en páginas vistas. Puede parecer obvio, pero seguimos organizando redacciones enteras alrededor de ese indicador.
Para 2026, dice Reed, sobrevivirán las organizaciones que piensen sus modelos de negocio con la misma creatividad que su contenido. Esta idea resuena con lo que plantea Clara Soteras: menos obsesión por el volumen y más trabajo sostenido en marca, producto, autoridad y comunidad. No hay atajos.
Para 2026, dice Reed, sobrevivirán las organizaciones que piensen sus modelos de negocio con la misma creatividad que su contenido. Esta idea resuena con lo que plantea Clara Soteras: menos obsesión por el volumen y más trabajo sostenido en marca, producto, autoridad y comunidad. No hay atajos.
IA: no para ir más rápido, sino más profundo
Sobre la inteligencia artificial, me quedo con una idea central: el periodismo que vale la pena no va a competir en velocidad. Alfred Hermida lo plantea con claridad: la IA puede servir para mapear lo que falta en la cobertura, no para repetir lo mismo más rápido.
Ole Reißmann, desde Spiegel, va en la misma línea: usar la IA para liberar tiempo y recursos y dedicarlos a un periodismo más humano, más transparente, más cercano. Ese tipo de conexión sigue siendo irremplazable.
No hace falta esperar a 2026 para verlo en acción. Proyectos como Velora Cycling, del periodista Peter Stuart, ya están usando IA para apoyar procesos de investigación y publicación, siempre con supervisión editorial. No es automatización ciega, es experimentación consciente.
Investigar en la era de la sobrecarga
Una de las predicciones más interesantes es la de Rubina Madan Fillion, del New York Times. Para ella, la IA se convertirá en un embudo de descubrimiento investigativo, capaz de analizar enormes volúmenes de texto, audio y video para encontrar historias que antes quedaban enterradas.
Esto cambia las reglas del juego: inundar de documentos deja de ser una estrategia efectiva cuando alguien —o algo— puede leerlos todos.
Verificación visual: el talón de Aquiles
Donde el panorama se vuelve más frágil es en lo visual. Ståle Grut, investigador de la Universidad de Oslo, advierte que 2026 será el año en que la debilidad de muchas redacciones para verificar imágenes y videos generados por IA se hará evidente.
El dato del Instituto Reuters lo confirma: el uso de IA generativa entre el público ya supera el 60 %. Herramientas como SynthID, de Google, son un avance, pero siguen siendo parciales. La verificación visual no puede depender solo de la tecnología: necesita inversión, criterio y equipos especializados.
Originalidad, profundidad y formatos largos
Entre tanta automatización, hay algo que no pierde valor: la originalidad. Lachlan Cartwright lo dice sin rodeos, y coincide con otros editores que apuestan por exclusivas, investigación y cobertura hiperlocal.
También me parece clave la advertencia de Gretel Kahn: apostar únicamente por video corto fue un error. Las audiencias jóvenes pasan horas consumiendo podcasts largos y transmisiones en vivo. Ignorar eso es regalar tiempo y atención a otras plataformas.
Para cerrar
Después de leer estas predicciones, me queda claro que no estamos frente a una crisis tecnológica, sino frente a una decisión editorial. La tecnología ya está aquí. La pregunta es qué hacemos con ella.
El periodismo que llegue a 2026 con fuerza será, creo, más consciente de sus audiencias, más cuidadoso de su trabajo y más estratégico en el uso de herramientas que dejaron de ser opcionales hace rato.


